Diario de la India / Día 1

3 de febrero de 2016

Hace un mes que regresé de la India, aunque realmente, nunca se acaba de volver. Después de visitar Anantapur, uno  se pregunta, que sucede con tu alma cuando vuelves de allí. Quizá es que sientes que a partir de ahora te va a faltar algo siempre, el trocito de alma que te has dejado allí.

Cuesta mucho hablar de este viaje, probablemente porque uno es consciente de que no hay nada que pueda decir o mostrar, que haga justicia a lo que vimos, vivimos, sentimos y compartimos. Fuimos un equipo de 23 personas, 22 de nosotros fotógrafos. Los añoro. Los añoro a ellos, añoro la India, y añoro todo lo que sentí allí.

Llegamos a Anantapur al amanecer, al ritmo de música hindú. Nuestros primeros momentos en La India, los vivimos a través de un cristal. No hablábamos en el coche, no hacíamos fotos. Sólo sentíamos, intensamente, como lo haríamos a lo largo de todo el viaje. Porque la India es eso: SENTIR.

Atrezzo Foto Infantil y Foro de Fotógrafos organizaron este proyecto en la Fundación Vicente Ferrer con la intención de fotografiar a  los niños de las aldeas y regalarles un fotografía impresa. Para algunos, quizá, la única que conserven de su infancia.

A nuestra llegada, nos impactó todo. Es un mundo contradictorio.  Porque la carencia se convierte en esencia. Los niños caminan sin zapatos pero se visten con una mirada profunda y una sonrisa que te captura. Las casas apenas llegan a poder ser definidas como tal, pero ahí están las mujeres, con sus saris de colores, sus pulseras, sus colgantes, sus pendientes y su mirada,  parecen pequeños brochazos de color en  las calles  polvorientas, sucias y pobres de Anantapur. El ruido es de locura, la polución, el caos, pero no se respira estrés.

Solo tengo palabras de agradecimiento hacia la Fundación Vicente Ferrer, por su acogida y por como nos hicieron sentir durante los días que estuvimos allí. La Fundación ha cambiado la vida de Anantapur. Son miles de personas las que tienen una vida gracias a la aparición hace años de Vicente y Ana Ferrer. Son miles de personas las que son más felices gracias a ellos y a todas las personas que día a día colaboran con la Fundación.

La primera tarde, visitamos el colegio para sordos y el taller de artesanía para mujeres. Personas que no tendrían la más mínima posibilidad de integrarse en un mundo como la India, si no hubieran tenido la oportunidad que les ha brindado la Fundación, que cuenta con 17 centros educativos como este, especializados en diferentes tipos de incapacidad, en los que han atendido a 1.300 niños y niñas.

Para estos  niños, ser fotografiados y recibir sus fotos impresas fue una experiencia única. Para nosotros, también lo fue.

Sentimos emociones muy intensas a lo largo de aquella tarde. También nos sentimos impactados por la acogida de aquellos niños. Nos hicieron sentir “grandes” como si realmente lo mereciéramos  y ese sentimiento nos convirtió en realidad en seres diminutos.

No podían emitir palabra, pero sus miradas lo decían todo. La mirada de quien carece de casi todo, salvo de lo más esencial. Cada día que estuvimos allí, nos dieron una verdadera lección de vida.

Era nuestro primer día, y empezaba a tejerse un hilo que nos conectaría para siempre, no solo a la India, sino a un grupo de personas y compañeros de viaje, cuyo vínculo siempre será especial y al que hoy añoro de veras.

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