Fotografía de comunión_Sofía

Si hay algo que nunca olvidará Sofía de sus fotos de comunión será el frío que pasó. Ni  el aire, ni las bajas temperaturas de una tarde heladora en el mes de Mayo, consiguieron que Sofía se resistiera a hacerse fotos en exterior. Entre fotografía y fotografía, una amorosa madre la cubría  con una manta. Sus labios, pasaron de ser rosas a ser azules, pero no quería parar, quería fotos y más fotos y más fotos. Debe ser que cuando uno vive en Zaragoza, se inmuniza al cierzo y al frío o al menos, se enfrenta a él con valentía.

Cuando regresamos al estudio, tiritaba y le castañeaban los dientes. Un calentador, un par de mantas, masajitos de mamá y un batido bien caliente le devolvieron el color a su piel y la calidez a su cuerpo. En pocos minutos, volvió a ser Sofía y se sumergió de lleno en una sesión de fotos de estudio.  Diversión pura,  no se cansaba nunca. No quería que se acabara esta experiencia de ser “modelo por un día”.

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Ser madre

Doy todo lo vivido por bueno si cada uno de los retazos de mi vida eran necesarios para que un día nacieran ellas. Doy por bueno lo vivido si ello me ha dado la sensibilidad para comprenderlas, para quererlas como las quiero, para sentir cada día lo que siento. Llenan de amor todos los vacíos del alma, que con el tiempo, lejos de decaer, se hace más y más grande. Es inútil buscar palabras para describir el sentimiento de la maternidad, porque jamás alcanzan. Decir ¡Os amo! Se queda tan corto….

Un trípode, un disparador y el resto fue querernos, mimarnos, sentir, disfrutar y retener ese instante. Ya es nuestro, para el resto de nuestra vida.

Pasarán los años, pero estas imágenes y estas sensaciones nos quedarán para siempre. Es la magia de la fotografía, que nos regala una y otra vez los instantes memorables, para que se queden grabados para siempre en nuestra retina y en nuestro corazón. .

Mis hijas me recordaron, cuanta gente se llevaba su reportaje fotográfico y nosotras no teníamos el nuestro. ¡Cuánta razón tenían!.






ROCK

Estoy loca por mi socio, buena gente donde los haya. Algo peludo, y con “mucho morro”. Fidelidad, sin límites, acompañante incondicional,  con una mirada que me enamora.

Mientras trabajo en el ordenador, noto su calor en mis pies. Y de vez en cuando, se levanta, y con su pata sobre mi rodilla, reclama su ración de mimos. ¡Cómo para resistirse!

Nunca se queja, al mínimo gesto hacia él, enloquece de felicidad, juguetón, bonachón e inseparable compañero.  Desde un rincón del estudio, me observa paciente mientras hago las sesiones, y al finalizar, me ayuda a recoger, eso si, a su manera….

El otro día le pedí que posara para mí. Y lo hizo! así de guapo!

 

Libros

Los libros antiguos siempre me provocan un sentimiento especial. Acariciados por el paso del tiempo, han sido seguro testigos mudos de cientos de vidas y de historias.

Me los imagino en manos de hombres de otras épocas, en viejas estanterías de otros siglo, tratados con tanto mimo que han podido llegar a nuestros días.  

Han sobrevivido a tanto, que eso debería hablarnos de  su fortaleza, y sin embargo, se les ve tan frágiles, que no se puede evitar pasar cada página con cuidado, como si pudiera deshacerse en cualquier instante. 

Hace unos días, un primo mío me los prestó para unas fotos, y esta es mi manera de devolvérselos.